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En esta sección voy a hablar de como se creó el personaje. Que ideas le llevaron a crearlo y como ha ido evolucionando.


El guionista René Goscinny y el dibujante Albert Uderzo, llevaban tres años colaborando activamente en series como Benjamín et Benjamine, Pistolet o Umpa-pa, cuando decidieron fundar junto al guionista Jean Michel Charlier una revista de cómics que pudiera ofrecer una alternativa a las ya consagradas Spirou y Tintín.
El 29 de octubre de 1959 apareció el fruto de sus esfuerzos, Pilote, para cuyo primer número Goscinny y Uderzo habían creado a un nuevo personaje, el irreductible galo Astérix.

Habitante de la última aldea libre de la Galia, la única que no había caído ante los avances de las tropas de Julio César, Astérix era tan sólo el más activo de un extenso reparto de personajes memorables.
Entre los que además destacaban Obélix, su mejor amigo, tan orondo como bonachón y gran amante del jabalí asado, Panorámix, un druida venerable, creador de una poción mágica que otorgaba fuerza sobrehumana a quien la bebiera, permitiendo a los galos de la aldea defenderse con éxito del invasor, y Asurancetúrix, un bardo de nulo talento que dio pie a numerosos gags recurrentes.
La situación histórica de sus aventuras surgió de manera accidental ( ya que aunque Goscinny tenía claro que ésta debía permitirle poner de relieve el carácter combativo de los franceses, ya que el recuerdo de la segunda Guerra Mundial y de las acusaciones que sobre el país vecino se vertieron por colaboracionismo aún estaban frescas), no acababa de decidirse por un periodo en concreto.

El encuentro casual con un antiguo conocido que trabajaba como profesor de Historia en la Universidad de la Sorbona y que le habló de las campañas del César, encendió una chispa en la imaginación del guionista: “Leímos todo lo que había que leer de la época de Julio César, incluso analizamos los sistemas de batalla utilizados por las legiones romanas en sus campañas en Bretaña y la Galia”, afirmó algunos años más tarde.
Uderzo por su parte abandonó, a instancias de Goscinny, la idea de dibujar un héroe prototípico (“Astérix debía parecer un hombre enclenque, pero que su astucia e inteligencia le ayudaran a salir airoso de cualquier situación. Debía parecer el típico hombre de la campiña francesa”), y se centró en ese estilo a medio camino entre la caricatura y el realismo, entre Disney y la escuela francobelga, que dice él, por el que actualmente se le reconoce.

La fórmula de las aventuras de Astérix es pasmosamente simple: sucede algo (un rapto, una petición de ayuda por parte de algún amigo) que obliga al pequeño guerrero a partir, habitualmente en compañía de Obélix, aunque ocasionalmente se les unan otros miembros de la aldea, en dirección hacia algún país desconocido.
Una vez allí, se suceden decenas de situaciones, a cada cual más brillante, mediante los que se ponen en evidencia los rasgos más característicos del lugar visitado.
Se soluciona el problema, y los galos vuelven a su poblado (no sin antes hundir un barco de piratas) para celebrar un gran banquete y relatar sus experiencias.
Este esquema, que le supuso a Goscinny repetidas acusaciones de chovinismo (por mucho que viajaran, Astérix y Obélix nunca encontraron un lugar más acogedor que su Galia natal), permitió a ambos autores hacer algunas de las sátiras más incisivas y ajustadas que se han visto en los tebeos, utilizando de manera tan magistral como habitual el recurso de la acronía, ambientando en el pasado costumbres y características contemporáneas.
Algunas, como las colas de turistas esperando cruzar la frontera española, han quedado afortunadamente superadas. Otras, la gran mayoría, siguen siendo completamente vigentes.

Goscinny siempre afirmó que “La revista Mad y el humor de Kurtzman y Elder tuvieron una influencia decisiva en el tipo de humor que queríamos mostrar en las aventuras de Astérix”, y eso se nota.
El ritmo enloquecido, las bromas referenciales y recurrentes, el humor absurdo y, en general, todas esas características que hacían geniales las sátiras del gran humorista norteamericano, campan a sus anchas por las páginas de Goscinny y Uderzo.

Lamentablemente, René Goscinny falleció en 1977, dejando semihuérfano a un personaje que ya había ascendido a la categoría de multimillonario y que pronto pasaría a ser el segundo más vendido de la historia del cómic europeo por detrás de Tintín (entre 1961 y 1995 se vendieron más de doscientos sesenta millones de álbumes de las aventuras de Astérix).
En 1979, Uderzo creó la editorial Albért-René, desde la que se negocia obras anteriores como Pistolet, realizadas a medias con Goscinny, y edita nuevos álbumes del personaje asumiendo también el guión.
Evidentemente un genio y un ingenio como Goscinny no son nada fáciles de duplicar, por lo que desde Astérix en Bélgica, último álbum realizado en pareja, las aventuras de Astérix han ido en franca decadencia.
Quedan, en todo caso, 24 álbumes magistrales e imprescindibles que forman una de las mejores obras jamás producidas en la historia del cómic.